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Enseñanzas de Interqué: con permiso

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De Internet Advantage en

Este pasado fin de semana tuve la oportunidad de asistir a Interqué, un evento sobre Internet “para todos los públicos”, en el que se debatía sobre cómo los propios usuarios están definiendo la web y cómo esto está provocando cambios profundos en distintos sectores y actividades.

Entre otras muchas cosas, hemos visto magia tecnológica, donde una aplicación de iPod es capaz de adivinar la carta que estamos leyendo, hemos conocido más sobre el nuevo proyecto musical de Carlos Jean (La cara B) y nos hemos enterado de cómo participar en la Tweetpeli.

Como conclusión profesional, la sensación es que, a diferencia de los medios “tradicionales”, las empresas no serán las que marquen las normas, sino que los usuarios son los que tienen las riendas.Y eso es bueno, muy bueno.

La parte publicitaria del marketing online tendrá más que ver con las acciones de marketing de guerrilla y el street marketing que con los convencionales anuncios de televisión, radio o prensa.  Necesitamos interactuar, sorprender, solucionar problemas.

No es algo nuevo, hace ya casi una década que  Seth Godin acuñó el término permission marketing, según el cuál es el usuario el que tiene que elegir si quiere nuestra publicidad y cómo, pero a veces, en nuestras ansias de “dominar el nuevo medio” se nos olvida.  E l usuario, cada vez más formado en el uso de la red, es el que decide para qué le sirve Internet, los buscadores y las redes sociales y ha dicho que no quiere anuncios.

El primer paso de cualquier estrategia de marketing social debería ser escuchar a la comunidad sin actuar, comprender su ecosistema, sus motivaciones, sus deseos. Sólo entonces podremos pedir permiso para formar parte de él.

Tenemos que aprender a colaborar con sus causas y sus inquietudes más que intentar artificialmente imponer las nuestras.  A fijarnos en sus preguntas en lugar de dar nuestras respuestas.

Durante muchos años, las empresas pudieron “poner en el centro al Cliente” sin tener muy claro lo que era eso. El papel lo aguanta todo, pero Internet no, aquí cualquiera tiene derecho a llamarte la atención, a sacar a la luz “tus vergüenzas”, a  juzgarte. Y eso es bueno, muy bueno.

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